
La cumbre del clima de Copenhague ha sido para la mayoría de las ONG´s un verdadero fiasco. Ni siquiera la clase política considera que se hayan llevado a cabo suficientes esfuerzos para conseguir un acuerdo vinculante que permitiera poner un punto y aparte a la utilización de los recursos antes y después de la Cumbre.

Esta pancarta recoge la “verguenza” de multitud de miembros de organizaciones no gubernamentales que rechazan la resolución establecida en la Cumbre de Copenhague. Tras el cartel vemos algunos de los rostros de los principales líderes mundiales. También se han escuchado palabras como catástrofes, fiasco o mentiras, tras el pésimo resultado de la cita climática más importante del mundo.
Todas las esperanzas estaban depositadas en esta Cumbre antes de que comenzara, pero después no han quedado más que incertidumbres y rabia difundida por los cinco continentes, que han visto la trasformación de otra reunión política global en todo un “show mediático”
Organizaciones como Green Peace o el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) han calificado sus resultados como peores que el Protocolo de Kioto, en1997, que hasta hace un mes era considerado obsoleto.
Representantes de 193 países, y un total de 46 mil personas acudieron a una reunión que se desbordó en los parámetros organizativos dentro de la Bella Center, para que finalmente todo se decidiera en una carta escrita por un grupo reducido de presidentes, con Barak Obama al frente y a puerta cerrada.
Bajo el liderazgo de Estados Unidos, Brasil, China, India y Sudáfrica, pero con el rechazo de un bloque conformado por Venezuela, Nicaragua, Cuba, Bolivia y Sudán, se definió un compromiso no vinculante, que tampoco fija objetivos de reducción en las emisiones de gases contaminantes, tal vez el vacío más grave que deja toda la conferencia.
Todos los delegados llegaron a Dinamarca con la idea de exigirles a las potencias, encabezadas por China y Estados Unidos, los mayores contaminantes, que se comenzara a concretar una disminución de la contaminación del 45 por ciento para el 2020, y que alcanzara el 95 por ciento en el 2050.
Ninguno de esos números se analizó suficientemente, y ahora cada país podrá reducir los porcentajes que desee sin enfrentarse a castigos, mientras se definen unas cifras vinculantes en el transcurso del 2010, y que podrían sellarse en la COP 16, una conferencia similar a la danesa que se desarrollará en México dentro de un año.
En lo que sí hubo consenso fue en que la temperatura promedio del planeta no debe subir por encima de los 2 grados. Pero esto no es nuevo. Esa temperatura tope había sido definida por los más de 100 científicos que integran el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) hace más de un año, como una condición para que el planeta no se enfrentara a extinciones masivas y al recrudecimiento de los desastres naturales.
Pero más grave que celebrar un acuerdo sobre algo que ya era de conocimiento público, fue haber dejado sin definir cómo se conseguirá, si ni siquiera hay metas para bajar las emisiones de dióxido de carbono, metano y otras sustancias contaminantes.
Se establecen como puntos concretos: la creación de un fondo de 10.000 millones de dólares entre 2010 y 2012 para que los países más vulnerables afronten los efectos del cambio climático, y 100.000 millones anuales a partir de 2020 para mitigación y adaptación. Un consenso económico que no alcanza los 140 mil millones que se habían planteado inicialmente y que tampoco da claridad sobre cómo se llevaría esa financiación a las naciones menos favorecidas, ni cuáles tendrían prelación.
(El País)
Todas las esperanzas estaban depositadas en esta Cumbre antes de que comenzara, pero después no han quedado más que incertidumbres y rabia difundida por los cinco continentes, que han visto la trasformación de otra reunión política global en todo un “show mediático”
Organizaciones como Green Peace o el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) han calificado sus resultados como peores que el Protocolo de Kioto, en1997, que hasta hace un mes era considerado obsoleto.
Representantes de 193 países, y un total de 46 mil personas acudieron a una reunión que se desbordó en los parámetros organizativos dentro de la Bella Center, para que finalmente todo se decidiera en una carta escrita por un grupo reducido de presidentes, con Barak Obama al frente y a puerta cerrada.
Bajo el liderazgo de Estados Unidos, Brasil, China, India y Sudáfrica, pero con el rechazo de un bloque conformado por Venezuela, Nicaragua, Cuba, Bolivia y Sudán, se definió un compromiso no vinculante, que tampoco fija objetivos de reducción en las emisiones de gases contaminantes, tal vez el vacío más grave que deja toda la conferencia.
Todos los delegados llegaron a Dinamarca con la idea de exigirles a las potencias, encabezadas por China y Estados Unidos, los mayores contaminantes, que se comenzara a concretar una disminución de la contaminación del 45 por ciento para el 2020, y que alcanzara el 95 por ciento en el 2050.
Ninguno de esos números se analizó suficientemente, y ahora cada país podrá reducir los porcentajes que desee sin enfrentarse a castigos, mientras se definen unas cifras vinculantes en el transcurso del 2010, y que podrían sellarse en la COP 16, una conferencia similar a la danesa que se desarrollará en México dentro de un año.
En lo que sí hubo consenso fue en que la temperatura promedio del planeta no debe subir por encima de los 2 grados. Pero esto no es nuevo. Esa temperatura tope había sido definida por los más de 100 científicos que integran el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) hace más de un año, como una condición para que el planeta no se enfrentara a extinciones masivas y al recrudecimiento de los desastres naturales.
Pero más grave que celebrar un acuerdo sobre algo que ya era de conocimiento público, fue haber dejado sin definir cómo se conseguirá, si ni siquiera hay metas para bajar las emisiones de dióxido de carbono, metano y otras sustancias contaminantes.
Se establecen como puntos concretos: la creación de un fondo de 10.000 millones de dólares entre 2010 y 2012 para que los países más vulnerables afronten los efectos del cambio climático, y 100.000 millones anuales a partir de 2020 para mitigación y adaptación. Un consenso económico que no alcanza los 140 mil millones que se habían planteado inicialmente y que tampoco da claridad sobre cómo se llevaría esa financiación a las naciones menos favorecidas, ni cuáles tendrían prelación.
(El País)

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